
Hace más de 50 años que el espacio considerado por muchos como el medio de más importancia, la televisión, nació en las casas colombianas, y no por nada muchos teóricos de la comunicación y diestros de la historia de la tv la han llamado la caja mágica. para algunos caja embrutecedora, para otros el dios de la modernidad, algunos más una forma de “compartir” en familia, pero tanto críticos como devotos de este pequeño pero poderoso “aparatico” alguna vez se han visto fascinados por sus encantos.
Haciendo un recuento histórico fue en 1954, una década más tarde de la segunda guerra mundial, cuando bajo la dictadura de Rojas pinilla, la televisión, que ya era conocida en Europa, llegó a nuestro territorio entregándole a unos pocos privilegiados las primeras imágenes en blanco y negro del mundo. Pero para hablar sobre el control y el poder que tiene este medio en el mundo debemos recordar lo que hace un tiempo fue la campaña nazi en la que Gobbels, el antes ministro de comunicaciones de Hitler, uso las pantallas de cine donde se veían las imágenes de lo que parecía una inofensiva estrategia de gobierno en Alemania, para manipular la realidad y la ocultar millones de muertes de las cuales la radio y la tv fueron testigos pasivos de lo que años después se denominaría el holocausto nazi. Las palabras rimbombantes, las imágenes divinizádoras, la música y, en general, el discurso fueron los que ayudaron a que este plan vil de la purificación de la raza fuera escondido, y al final fue la televisión la que le mostro al mundo la verdad de este genocidio.
Es por tanto, que la televisión es un canal por el cual se genera un espacio de visibilización, de crítica, de información, pero que también, debido a su mal uso, puede ser una herramienta negativa que manipula y parcializar la información de la que la sociedad esta colmada. Lo que hace de la “caja mágica” en parte sea un ente de control en el que muchos temas se abren para ser discutidos y otros se muestran sin una investigación previa, sin buenos manejos, en donde el conocimiento es de unos pocos cuando es el conocimiento el que nos hace libres, como muchos filósofos de la vida nos lo dieron a conocer.
Por eso para conocer el grado de conocimiento y sensibilidad que un periodista o divulgador tiene acerca del tema de la infancia, nos hace preguntarnos si en realidad no tratar de forma adecuada estos temas genera una fractura más en la sociedad y nos hace parte de un control que no vemos pero que se hace presente en nuestra acontecer cotidiano.
Desde 1890 se han realizados concienzudas investigaciones a cerca de la infancia y la televisión, aun dando cuentas de un juicio en el que se culpa a la tv de todos los males sociales, pero ¿es este medio el culpable? ¿Es necesario el control de los contenidos en las parrillas de programación? ¿Cómo debe tratarse el tema de la infancia?
Existe tras fondo un problema social muy grande, el abuso sexual infantil, la explotación laboral infantil, entre otros que deben ser incluidos en la televisión colombiana visibilizando estos problemas de una forma veráz, imparcial y sin amarillismo. Pero, ¿hay inclusión solo cuando se habla de estos temas de los niños? o ¿ son reconocidos como parte de la historia de una sociedad? O son examinados más que una población pasiva de depositaria de las percepciones de los adultos? Para responder a todas estas preguntas es necesario que entendamos la importancia de hacernos participes de los cambios, para que este espacio audiovisual no sea una forma de controlar, de esconder de generar opiniones dirigidas a una verdad particular.
“La televisión es, hoy por hoy, el dispositivo social y cultural sobre el cual recaen todas las culpas de los males sociales: cuando no hay herramientas, criterios, ideas ni proyectos para comprender algo en la sociedad, inmediatamente se señala a la tv como “la culpable”” afirman investigadores del convenio Andrés bello y la Fundación Antonio Restrepo Barco, que nos ayuda a explicar un poco porque debemos hacer parte del proceso, tomar una posición critica sobre lo que vemos, sobre lo que hace parte de esta fractura social.
Palabras como desgracia, pecado siniestro, aberrado, bufón, pedófilo, son usadas diariamente para mostrar la realidad en la que la infancia está inmersa y a la que poco a poco, como un fármaco cuando se usa en exceso, nos hacemos inmunes decorando nuestra vida con rutina y automatismo. Una investigación realizada hace algunos años, expresa que en los hogares americanos en promedio hay dos o tres televisores, que masifican la información. En ese caso ¿qué tan “videntes” somos frente a las realidades que tras un visor se nos plantean?
Los medios que se nos presentan en este nuevo siglo, las herramientas que pueden actuar como medios de control y manipulación, pueden ser también una oportunidad de incluir en la opinión pública temas como el de la infancia que han sido por años arrollados y manejados sin criterio, ni pericia, ni análisis, pero para que esto pueda ocurrir es necesario tener televidentes críticos, conocedores de soluciones, generadores de cambio, que se nieguen a la manipulación que algunos gobernadores de este “aparato” que independientemente de si tienen pantalla liquida, ofrecen televisión digital, controles remotos, conexión satelital, emite ideas, mueve personas, nos abre al mundo, nos educa o nos convierte en analfabetas de la violencia que se escabulle entre las salas de un hogar, entre las cobijas de un amanecer silencioso o en las salas de un hospital.
Por, Tatiana Medina Botero